domingo, 19 de septiembre de 2010

Máquinas

Cuando te has convencido totalmente de que lo que haces, quieres o vas ha hacer tiene una justificación... una que más tarde descubres que era nula, que tú inventaste (producto de tu imaginación) con la única excusa de saciar tu sed de sangre, de pura venganza. Hay veces que nos dejamos llevar demasiado por nuestras emociones... Deberíamos pensar más con la cabeza en vez de con la polla u otras extremidades.
¿Con el corazón? Superfluo. El cerebro es quien nos controla, dicta, manda, supervisa... él es nuestro yo total e irrefutable ¿Lo restante? Tan solo una máquina que no dejará de funcionar si él no nos lo permite pero que si morirá con el desgaste del tiempo.