
Permitid que sea sincera, de buen comienzo. No seré de vuestro agrado, las mujeres sentirán envidia y los hombres repulsión, no os agradaré ahora y os agradaré mucho menos a medida que avancemos. Os lo advierto, no es ni un alarde ni una opinión, si no simple y llanamente un hecho
sábado, 31 de julio de 2010
sábado, 24 de julio de 2010
Zombie

Comed. Comeros cada una de sus extremidades sin importar lo íntimas que sean. Y no habléis, guardad silencio. Limitaros a escuchar como el fluido de la sangre cada vez es más lento, cada vez es más débil, menos intenso… escuchad como mueren en vuestros brazos. Deleitaros con el sufrimiento ajeno, el que os alimenta y os da fuerzas para seguir matando.
Como vampiros salís solo cuando hay oscuridad, cuando vuestros rostros se ven cubiertos por la penumbra de la noche. Cuando el corazón de los humanos es más frágil y fácil de asustar. Supongo que será miedo a lo desconocido, a lo que no pueden ver… Pero si nos pueden oír, por lo que no perdáis la esperanza y gritad, que vuestra voz emerja de lo más profundo de vuestras alimañas. Convertid ese sonido en el de la muerte, terror… será lo último que escuchen, no les defraudéis. Corred tras ellos y no dejéis carne en sus huesos.
viernes, 23 de julio de 2010
Desvistamos la superficialidad
Hacía unas horas atrás, el sol de la mañana había bañado mi rostro despertándome, así, de los sueños más profundos y anhelados. Al levantarme alargué la mano en busca de la Ginebra que, el día anterior, había calmado mis ansias de morir y ayudado a seguir viviendo, arrastrándome al sufrimiento. Al llevármela a la boca se derramó y mis labios no pudieron frenar el río que se originó por mi cuello bajando por mis pechos hasta el ombligo. Me hallaba desnuda en medio de una habitación desordenada y caótica, parecía reflejar mi yo no poético. Decidí levantarme, tambaleándome y chocando con inexistentes objetos, la garganta me ardía. Llegué al lavabo y en la bañera encontré un surtido de ampollas vacías: Baylis, Whisky, Absenta… Un gran repertorio de sabores y aromas. No recordaba nada y esa imagen me sorprendió.
Ahora, me agarro en el marco de la puerta conteniendo el crecimiento de unas semillas de lágrimas alcoholizadas. Me planto frente al lago cristalizado que cuelga de la pared y, cuando me miro al espejo no puedo evitar desviar la mirada, posándola en aquel mar ebrio que había creado, anteriormente. En el que los barcos eran trozos de cristal de las botellas marchitadas, podridas como mi alma. No puedo ser yo, la chica que me ha mirado desde el otro lado. Debajo de esos frascos que contienen mágicos remedios veo el uniforme del trabajo, salto y aparto los navíos de encima del vestido. Me corto por todas partes y me empapo las manos de sangre. Cuando las heridas empezaron a dolerme más que la vida misma corrí a abrir los grifos, dejar que el agua los limpiase y me aliviara. Mientras tanto el espejo parecía entonar una melodiosa canción que me inducía a alzar la mirada. Seducida por tal canto lo hago y ahí me veo: Con el pelo revuelto, los ojos rojizos adornados por un color morado en la parte inferior, los labios deslucidos, las manos llenas de un líquido que conjunta, a la perfección, con mi barra de labios y me hallaba totalmente desnuda. ¿Quién era? No me reconocía ¿Qué era? Solamente un cuerpo sin ningún tipo de identidad. Sentía que había perdido mi filiación. ¿Qué podría pensar la gente, de mi, si me viese así? ¿Cómo podrían argumentar, intuir, que clase de persona soy, que ideales sostengo, gustos, personalidad, estilo, que forma de vida llevo, si no doy ninguna señal? ¡Ellos no podían sospechar de mí, de mi vida, de la vida que llevo! Si saliese por las calles sin ropa no podrían prever ¡imaginar! A que religión o creencia pertenezco, por ejemplo. ¡No sabrían nada de mí cuando, yo, podría saber todo lo irrelevante de ellos! Sonrío, me llevo las manos a la cabeza y corro. Corro, libremente y sin ataduras, hacía un nuevo día en un nuevo mundo. Mantenía los ojos, previamente, cerrados aguardando el momento oportuno para abrirlos. El frenesí era, ahora, el dueño de mi cuerpo y mis acciones. La impulsividad se apropia, nuevamente, de mi responsabilidad ¡Nunca me había sentido tan viva! Abro la puerta que me separa de los murmullos, acusaciones, reacciones de la gente y salgo, me doy cuenta de ello porque noto el calor del sol en mi piel. Había olvidado, también, esa sensación de bienestar, vuelvo a sonreír con ganas e, inconscientemente, abro los ojos. ¡¿Qué ven!? Innumerables cuerpos despojados de sus, habitualmente, prendas ejerciendo sus habituales rutinas ¿Quiere decir que, al fin y al cabo, todos somos iguales? Se necesita mucho más que un espejo para mostrarnos la capacidad de cada uno de nosotros. Desvistamos la superficialidad.
Mi mundo

Mientras anhela
Dejar a la tristeza
Ella
Llora, sintiendo el dolor en sus venas
Pensando en ella.
Su primera lágrima caída
De una mente suicida
Parece provocar al cielo
Que se cubre
Con un velo
En la cumbre
Del deseo
De nubes
Amarillas
Adornado
De agujeros
Por los que ellos
Traspasan
Llenos de celos
Y… llora
Llora al igual que la otra llora.
Y la lluvia se mezcla con las gotas
De su mejilla, que con el ardor se funden
Que al parecer se hunden
Por las calles de un barrio febril
Pasado el mes de Abril
Un lugar, sin vías ni ferrocarril
¿Por dónde huir?
- tiene ritmo/this is a song.
Teatro
Muerte en vida

...moñada
La primera vez que te ví, que rocé tu piel, me pregunté a que sabrías. Quería calmar tu dolor, inexistente, con mis miles de besos y caricias. (...)Me encantaba seguir el ritmo que marcaba, al de mi corazón, el son de tus pasos, de nuevo, hacia nada posible de alcanzar. (...) En ese momento dudaba de si coger un revolver del 88, apuntarte en la parte posterior de tu cabeza y dispararte antes de darte la posibilidad de salvar tu vida. O, sin embargo, recorrer con la yema de mis dedos aquellas graciosas líneas de expresión que, anteriormente, habían creado mi diversión, mi delirio. Para luego seguir el recorrido con mi lengua en busca de más besos, deseos. Si quería acabar con tu vida era para que no me hicieras más daño, no puedo desearte y no tenerte como tampoco puedo tenerte y no desearte.
II
Cada noche, protagonizas mis sueños, antagonizas mis pesadillas. Cada noche, abro los ojos y desaparecen mis miedos imaginados para aparecerse en la realidad. Tu ausenvia me desveló y mis lágrimas brotaron sin la intención de sesar hasta la salida de el Sol. Surcarons mis mejillas, naufragaron en mis labios y su sabor murió en mi paladar.
Enciendo una ténue luz que daña mis pupilas, estiro mi brazo y alcanzo una botella duff que tengo desde el día que me abandonaste, en mi mesilla de noche.
felicidad
¿si?
Pues...
Bienvenido a la felicidad, a la que, a pesar de todos esos altibajos, sigues sonriendo.
No más tabletas

Ella: ¿Ya te vas? ¿Aquí acaba todo?
Él: Si ¿no pretenderás que me enamore de ti?
Ella: ¿Por qué no?
Él: No quiero verte llorar eternamente
Ella: No lloraré eternamente
Él: ¿Cómo piensas remediarlo? Te conozco de hace una semana y no has dejado de llorar ni si quiera para respirar.
Ella: ¡Compraré caramelos, dulces, golosinas!
Él: ¿Y eso remediará algo? ¿Qué cojones tiene que ver? No tiene concordancia, nada de lo que dices la tiene.
Ella: … Una vez me dijeron que uno no puede llorar cuando tiene un dulce en la mano.
Él: ¡Que idiotez!
Ella: Si, que idiotez que el chocolate suplante el sexo ¿Es por eso que siempre llevas contigo una tableta?
Él: ¿Qué?
Ella: Si te quedas conmigo lo único que necesitaremos serán caramelos, no más tabletas.
Él: ¿No más tabletas?
Ella: No más tabletas
jueves, 22 de julio de 2010

Vivimos en un mundo de apariencias, solo vemos unas sombras que se reflejan en un trozo de tierra a lo que nosotros denominamos nuestro planeta.
No busco… pero encuentro. No encuentro… pero busco. ¿Qué más da si siempre queremos lo que no poseemos?
Es por eso por lo que te quiero.
¿Qué le voy a hacer? Las palabras no son mi punto fuerte en estos casos pero mis actos me estremecen… ¿Soy capaz de hacerte ver todo lo que he callado en un beso como nos dicta un verso?
No lo se y…
Nada, lo único que te puedo decir es: nada… y no te hundas.
Mi ego niñata

El pescador 11
- Tú… eres, eres preciosa – le dijo Nicolás a Odette – Hubiese sido fantástico poder compartir la vida con tal hermosura…
- ¡¿Entonces por qué no me esperaste!? – Dijo Odette estallando en miles de lágrimas… más que enfadada estaba decepcionada.
- Y lo hice, estoy aquí… es por ti y por mi familia por quiénes estoy aquí. He renunciado a una expedición en Marte por ti… no puedes pedirme más de lo que te he dado. – dijo compasivo, se comportaba como un padre para ella. Odette estaba sentada a su lado cabizbaja, pensativa. – Anda, mírame… ¡Cuenta todas las arrugas se han formado en mi rostro! – sonrió. – Lo siento… pero, no podía esperar medio siglo a enamorarme y no tenía ninguna certeza de que lo haría. Además mírate, tienes el cuerpo de una mujer de 28 años… la edad de mi hijo Nicolás – Dijo con una mirada insinuante que hizo ruborizar al chico con un efecto dominó que llegó hasta el vello de la chica para concluir en unas medias sonrisas. – Él es más tu tipo, te lo he preparado bien…
- Tú no me has preparado en nada papa, lo que soy lo soy gracias a mi. No he obtenido ninguna ayuda por tu parte, siempre has estado demasiado ocupado en tus investigaciones sobre lo que nos envuelve y en lo que vivimos… el universo. – Exclamó Álex.
- No me odies por ello… ¿En serio creíais alguno de vosotros que iba a renunciar a mis sueños? No creáis que soy un egoísta, si lo fuera no estaríamos aquí… ninguno de los tres. Solo quise aprovechar mi vida… nadie tenía el derecho a decirme o hacerme prometer como vivirla. – Iba a seguir con su discurso pero Odette le paró y le preguntó lo que muchos os preguntareis: cómo llegó a esta situación, a quién conoció tan importante como para formar una familia, … En resumen
- ¿Qué es lo que hiciste exactamente con tu vida? – preguntó Odette ahora intrigada. – Desapareciste ¿verdad? Todo este tiempo que te estuve buscando por estos bosques, de ventana en ventana… tú estabas en otro lugar ilustrándote en lo que ahora es tu trabajo ¿no es así? Y… dime, por favor dime, ¿cómo es la chica que te hizo romper mi promesa? ¿Es guapa? – Dijo aparentando estar un poco disgustada por ello… Álex contestó por su padre.
- Si me permites, dejadme que yo lo cuente. Me sé esta historia más que la mía propia. – Y rió – Mi padre siempre ha estado contándomela desde que nací, a un niño normal se le cuentan cuentos o se les cantan nanas para que se duerman… él, bueno. Él me aburría con sus historias. – Bromeó.
- Bueno, aquí se verá cuanto me escuchas hijo… pero, no tardes mucho. Tú madre nos aguarda – Calló esperando ver la reacción de Odette y luego prosiguió – a los tres – y ambos sonrieron.
miércoles, 21 de julio de 2010
El pescador 10

- ¡Espere! ¡La ayudaré! No tiene porque temerme… - Se acercó quitándose su camiseta y dándosela para que se cubriera con ella. El hijo de Nicolás cogió uno de los brazos de aquella que parecía una ilusión y se lo posó en el hombro, ayudándola a cruzar el lago. Hacía tan solo unos minutos ella tenía aletas en vez de piernas, aún no controlaba demasiado su nuevo cuerpo… suele suceder cuando uno se expone a un gran cambio.
En cuanto pisaron la orilla, ella se despego de él dejándole como espectador. Se agachó bajo el árbol y apoyó su cabeza sobre el pecho de Nicolás. Su corazón apenas latía, sus latidos eran dificultosos y algunos a contratiempo. Su hijo ahora se acercaba a él, a ellos. Y ella se alertó y se levantó con una agilidad envidiable, corriendo hasta el siguiente árbol.
- No me tengas miedo… No voy a hacerte daño. Sé quién eres… bueno, mi padre me ha hablado de ti desde que nací pero nunca te creí real. – Ella asomó su cabeza y se miraron.
- ¿Cómo se que eres quién dices ser? ¿¡Qué certeza tengo!? – Su adorable voz enfadada era extraña, incómoda… ¿cómo algo tan dulce podía inspirar tanta ira?
- Mira, no espero que me creas al igual que tú no esperarías a que te creyeran si dijeses que has sido unos miles de animales durante toda tu vida y que naciste hace unos miles de años. Pero, puedo demostrarte que soy quién digo… solo tienes que esperar a que mi padre despierte.
- Nicolás… - Dijo melancólica y nostálgica. – Está bien, esperaré… él espero medio siglo por mí. - En ese momento una lágrima le surcó su sonrojada mejilla y calló sobre su mano, la cual apretó con fuerza.
- ¿Podría hacerle una pregunta? – Dijo el chico. La joven levantó su mirada y se quedó en silencio, la más afirmativa de las respuestas… el silencio. - ¿Cuál es tu nombre? ¿Lo recuerdas?
- ¡Claro que lo recuerdo! Que haya cambiado de formas no significa que haya cambiado de ser.
- Perdona… - Dijo avergonzado.
- Odette, ese es mi nombre…
- Es muy bonito… ¿tiene algún significado?
- El que tú quieras y puedas darle. – Y volvió a sonreír. – ¿Y cuál te puso, a ti, tu padre?
- No me lo puso mi padre… - contestó incómodo por si hería los sentimientos de Odette- lo hizo mi madre. Ella estaba encaprichada con ese nombre desde antes de conocerse…
- No importa, no quiero saberlo – dijo un tanto enojada, nerviosa y al mismo tiempo triste. - ¿Cuál es?
- Álex – el silencio les invadió - ¿Qué? ¿No te gusta? – Pero Odette le hizo signos de que se callara, Nicolás parecía estar despertándose.
El pescador 9

Un bucle de intentos de pescar algo le hacían darse cuenta de que las tradiciones no parecían haberse fabricado para él. Pero no le preocupaba, lo único que quería pescar ese día era la que una vez fue un pájaro. Había cumplido la promesa de esperarla, de estar allí ese día pero ella no aparecía. ¿Y si estaba muerta? ¿Y si no existía? ¿Y si tan solo fue su imaginación la que la creo para él, para contentarle y hacerle feliz? Una amiga imaginaria. ¿Era eso posible? Cuantos años… cuantos años habría malgastado.
De repente un oleaje de colores púrpuras y azulados emergió del agua, de lo más profundo del lago. Con ello un pez gigantesco en forma de dragon chino que respetaba los mismos colores que los del pájaro, flotó en el aire durante unos segundos. Metamorfoseándose en la figura de una súblime mujer. Su cuerpo pálido aperlado con un brillo inigualable que contrarestaba con la oscuridad de su cabello, el que casí parecía fundirse con el del cielo oscurecido por la noche… se posaba lentamente sobre el paisaje. Sus extremidades se contoneaban aún con la elegancia de aquel pez y poco a poco su desnudez iba callendo al agua, tan delicadamente como lo hace una sola gota. Y su cuerpo quedó flotando en ella como una oja albina caída de un árbol.
El pescador, mayor, intentó correr hacia ella y sacarla del agua pero… se cansó demasiado pronto. Ahora eran dos los cuerpos que flotaban en aquel océano estancado. A lo lejos se podían oír los gritos de un chico.
- ¡Padre! ¡Padre sal del agua! – Pero su padre, el pescador, no se movía. El chico se apresuró y fue corriendo, incansablemente, hacía ellos. Primero sacó el de su padre, el cual lo posó debajo de un enorme árbol y seguidamente volvió a por la chica. A medida que se acercaba a ella, a su cuerpo desnudo, sus ojos se iban agrandando por momentos. Estaba casi aturdido por tanta belleza, somnoliento… Justo en ese momento la chica abrió los suyos y sus miradas se cruzaron durante unos segundos hasta que ella habló con la voz más dulce y sensual que se pueda imaginar.
- Nicolás… - Sonrió y antes de darle tiempo al chico para contradecirle y aclararle que él no era Nicolás, calló su silencio con un beso. Cuando acabó y despegó sus labios de los del joven, los cuales se habían quedado besando al aire como si esperara más, dijo- Me has esperado… no me puedo creer que me hayas esperado. Durante todos estos años no te he visto por aquí, ni una sola vez… creí que habías desaparecido pero veo que no. Te quiero. – Y se acercó nuevamente al chico con la intención de volver a besarle pero este, esta vez, se apartó muy a su pesar.
domingo, 18 de julio de 2010
El pescador 8
- Ahora atento – se decía para sus adentros – este es el momento preciso en el que tus sentidos deben agudizarse de tal forma que puedas encontrar lo que hayas buscando. ¿Recuerdas aquella conversación con aquella chica? Pues bien, es ahora cuando se decidirá quién de los dos ganó. – Aminoró su inconstante respiración hasta tal punto que parecía ahogarse y se dijo, por última vez
jueves, 15 de julio de 2010

Por eso no despierto y muero
Odio escuchar voces de hierro
Que no creen en el destierro
Los hombres en el mar los llaman marineros
Aquí, con los pies en la tierra,
No son más que marionetas.
Acuden los escalofríos del paso del tiempo y es el viento quien los llama y lleva arrastrando recuerdos y amargas penas que añoran testarudamente esos ríos, sus sueños. Estos que el pasado decidió borrar, dejarlos morir en un inmenso océano para convertir en lápidas su mar. Dejarlos soñar que el polvo es la arena y los miles de amores sirenas, el agua en la sal que cicatrizarán sus heridas.
Para un hijo de puta con clase



Me vuelvo e inimaginables imágenes acuden desmesuradamente y sin ningún orden establecido a mi mente. ¿Qué es lo que quieren? Nada, no buscan, absolutamente, nada.
Al principio creí que era un juego ¿sabéis lo que dicen? que la nada lo significa todo, lo antagoniza y lo convierte en un no-todo, o como lo conocemos nosotros: en nada. ¿Tengo que deducir entonces que al no buscar nada lo buscan todo?
No me importas nada, negamos una negación y, como sucede en las matemáticas, una negativa más, menos, multiplicada o restada por otra negativa nos da una afirmativa. Entonces no miento.
el pescador 7
- Tradición, chorradas, eso no debe imponerse. En fin… todo depende de mí. Puedo renunciar a mi sueño por las personas que más he querido, si puedo llamar a esa chica persona, o cumplir mi sueño y renunciar a todos ellos. – Se dijo Nicolás para sí mismo. Ahora dudando prosiguió - Tampoco entiendo cómo puedo quererla, no sé nada de ella desde hace muchísimo, tal vez no haya logrado sobrevivir. Pero en mis sueños es tan perfecta y maravillosa… no tiene nada que ver con las pijas que habitan mi instituto ¡son todas iguales! Y no me conformo con una de distinta, la prefiero rara… rara como ella, difícil de encontrar y que suene a locura.
Esto último le devolvió a la realidad, al presente y de nuevo se veía rodeado de una niebla mezquina que no le dejaba ver más allá de las primeras piedras que habitaban en la orilla. Por mucho que decidiese no pescar ese día cambió de opinión, pues al recordar a su padre la nostalgia le invadió. Apostaba a que si siguiese vivo le gustaría verle ejerciendo el oficio con el cual tanto se encaprichó. Sacó los cebos muy lentamente de sus desgarrados bolsillos como si esperara a que se detuviera el tiempo y se cumpliese tal acontecimiento que, os recuerdo, era el de encontrarse con la que una vez fue un pájaro. Nunca le preguntó el nombre pues Nicolás no era de quiénes reconocían a las personas por él, no le daba gran importancia. A veces olvidaba incluso los de sus pequeños logros o descubrimientos. Un nombre es solo eso, un nombre.
martes, 13 de julio de 2010
El pescador 6

- ¡Nicolás! – gritó – ven hijo, quiero decirte algo – Nicolás se apresuradamente se acercó a él sin decir nada, escuchando atentamente – Tienes que prometerme algo. Ya sé que lo que más quieres en este mundo es llegar a la Luna.
- Por primera vez – interrumpe Nicolás.
- Si bueno, por primera vez – rechista su padre, pues él había visto en las faldas de su madre, cuando solo era un crío, como un hombre caminaba sobre ella. Más tarde intentaron demostrar lo contrario y convencer al mundo entero de que aún ningún ser humano había pisado sus cráteres. Obviamente Nicolás era de quiénes lo creían. - Sea como sea hijo, es un sueño precioso, maravilloso, ¡envidiable! Pero… es solo eso, un sueño. Aquí no tendrás la preparación que necesitas y tus notas en el instituto, bueno… al menos apruebas. Lo que quiero decirte es que ya sabes que nuestros antepasados siempre fueron pescadores, mi padre fue pescador, yo soy pescador y tú… tú lo llevas en la sangre. No te compliques la vida. Prométeme que seguirás con la tradición.
- No puedo, sabes que no puedo. Si es necesario viajaré, me formaré en otras escuelas especializadas, mejoraré mis notas, lo que sea con tal de cumplirlo. Para eso están los sueños ¿no? – La cara de su padre cambio mientras pronunciaba aquellas palabras y Nicolás no pudo negarselo. – Esta bien padre, te lo prometo. Pero quiero que sepas que harás de mí un ingenuo soñador.
- Siempre lo fuiste – y sonrió por primera y última vez en mucho tiempo.
Nicolás recogió esa misma noche el cuerpo inerte de su padre e hizo una llamada a su madre quién por teléfono rompió a llorar desconsolada.
- Mama, si no te hubieses ido, si no me hubieses alejado de ti… te abrazaría como mereces – dijo irritado e impotente y colgó. Estaba un poco enojado con su madre por haberle dejado solo pero ahora tenía la libertad que tanto había anhelado.
lunes, 12 de julio de 2010
El pescador 5
- ¿Cuándo podremos estar juntos? – le preguntó Nicolás.
Ese día Nicolás no durmió al igual que su padre quién enfermó de repente. Hoy había sido un día de locos y eso era algo que le entusiasmaba pero no podía disfrutar de esa adrenalina sino que debía cuidar de su padre. Pasaron días, semanas hasta meses sin volver a verla. Había sido explícita nos veremos de aquí cincuenta y un años pero no llevaba ni uno y ya no aguantaba más. Un día llegó a su casa después de volver a la ciudad para intentar exponer varias de sus fotografías y se encontró a su madre llorando en el portal. No, su padre no había muerto… aún. Pero estaba ya en las últimas, deliraba constantemente y su madre ya no podía más por lo que decidió ir a casa de su hermana, de la tía de Nicolás, hasta que pasara aquello ¿Egoísta? Tal vez, pero eso hizo que su hijo y su marido se uniesen como nunca. Nicolás apenas había hablado con su padre pero ahora, cuando solo le quedaban unos días parecían entenderse a la perfección. Hablaron sobre planes del futuro e incluso le había contado la historia del pájaro, el por qué de su clandestinidad opcional.
Memorias
domingo, 11 de julio de 2010
El pescador 4
Y una pícara sonrisa se dibujó en su rostro en el instante que oyó aquella indiscutible verdad. En ese momento todo parecía moverse a cámara lenta, las luciérnagas, ella, que antes volaban descontroladas por su alrededor ahora se mostraban congeladas como en sus fotografías. Nicolás se acercó a una de ellas y esta se posó cómodamente en sus labios los cuales volvieron a estirarse formando una sutil y dulce sonrisa que les devolvió a la realidad. Estas volaron, otra vez, sobre su cabeza estallando en miles y billones de risitas. Él se limitó a seguirlas y fotografiarlas hasta que al fin se apresuró y se atrevió a preguntar:
- ¿Por qué eres lo que eres? – Esa pregunta detuvo a la chica y las miles de luciérnagas dejaron de volar desordenadas, se agruparon formando la verdadera figura de ella y ahora se acercaba lentamente destrozándose en innumerables curvas luminosas. Melancólica contestó.
- Por orgullo, lealtad, fuerza y honor… pero en verdad no soy ninguna de mis apariciones sino una mujer de un siglo que ya no recuerdo, atrapada en este nuevo siglo de dolor y frustración. ¿Por qué? Si, supongo que te debo una explicación pero primero deja que me disculpe. Siento haberte asustado cuando tan solo eras un niño aunque ahora no es que seas mucho más que eso – bromeó – solo quería ayudarte, hacerte saber que te entendía. A mis 27 años huí del castillo en el cual vivía con mis padres ya bastante mayores, ellos estaban disgustados conmigo ya que debería haberme casado diez años antes pero yo no quería. No quería atarme a un desconocido, yo quería ser libre de elección. Siempre quise navegar, por lo que fui a la costa más cercana de aquel lugar pero mi padre pagó a un hechicero para que me encontrara y me esclavizara a una de sus crueles maldiciones. Eso es lo que sucedió, me encontró. Ese hombre despreciable intentó chantajearme, si me entregaba a él una sola noche me dejaría marchar y le diría a mi padre que no me había encontrado pero… no fui capaz y por ello soy lo que soy. Siempre quise ver el mar y esa es la razón por la cual el último animal en el que me reencarne será uno acuático, pero para ello tengo que seguir con vida. No me ha sido fácil con tantos cazadores, devastaciones de bosques, construcciones, guerras, incendios malintencionados y por si no fuera poco ahora el cambio climático… Había días en los que deseaba acabar con este sufrimiento y morir en paz pero entonces te encontré, desde ese día no dejo de observarte. No sabes cuánto nos parecemos.
sábado, 10 de julio de 2010
El pescador 3

Tras esa experiencia el niño no volvió a salir de su casa en mucho tiempo, ni si quiera para ver las estrellas y enumerar nuevas constelaciones. Hasta que se aburrió y decidió dejar de atormentarse, ya era mayor y entendía al mismo tiempo que suponía que tan solo fueron imaginaciones suyas, que no existió ni existe tal pájaro. Esa noche fue a la ciudad y como no había salido durante años por aquel traumático encuentro tenía abundantes ahorros que no había despilfarrado aún, por lo que decidió gastarlos en un telescopio y una cámara fotográfica. Entusiasmado se plantó en su jardín y se instaló en aquel lugar convirtiéndose en parte del paisaje. Nada extraño, media noche y ni rastro del pájaro. Parecía confundido, disgustado… tal vez guardaba alguna esperanza de que existiese, la curiosidad le invadía y ya no se conformaba con los cometas o nuevos planetas. Sus fotografías empezaban a repetirse y eso le aborrecía, por lo que fue a por más. Se adentró en el bosque, por aquel camino que lo llevaría de vuelta al lago. Las plantas se transformaron en las principales protagonistas de sus fotografías hasta que llegó a las faldas de aquellas montañas y sin darse cuenta el agua ya le llegaba por los tobillos. Se vio envuelto de millones y billones de luciérnagas, eso le encantó ya que le recordaban a las estrellas… pequeños pedacitos del cielo caídos y volando a su alrededor. Ensimismado con aquella imagen, unas risitas escampadas por todas partes le despertaron. Múltiples grititos incómodamente sensuales llegaron a sus oídos en forma de susurros y ecos. Era la risa de una chica multiplicada por un millón o billón de voces. Al fin llegó ese acontecimiento extraño, diferente, poco común, raro, ligeramente alejado de lo posible y lógico que esperaba.
- ¿Me recuerdas Nicolás? – dijeron aquellas vocecillas.
- ¿Cómo olvidarte? Te temí por ignorante y ahora te velo por curioso ¿Qué eres esta vez?
- Soy lo que te rodea o como tu nos llamas: pequeños pedacitos del cielo caídos. Soy cada una de estas luciérnagas.
El pescador 2

- ¿Quién eres? – preguntó mientras intentaba descubrir de donde provenía la voz - ¿Tú también te has escapado de casa?
- Si… pero hace ya mucho tiempo, miles de años.
- ¿Dónde estás? No te veo – Decía Nicolás mientras la buscaba entre las sombras que proyectaban los árboles –
- Soy yo… - Y ante él se le apareció el mismo pájaro que antes le había asustado. –
- Tú… tú, un, un… ¿un pájaro? – balbuceaba otra vez con el miedo metido en el cuerpo. ¿Cómo era posible? ¿Cómo un pájaro podía hablar? ¿Cómo un pájaro podía ser tan bello? Pero no le importó ni el aspecto ni los modales y huyó dejando atrás aquellos maravillosos colores alados.
El pescador
Ya casi llegaba a su destino, tan solo unos pasos más y la descubriría entre toda la multitud escamada, pero ella no estaba. Otro año más y ella seguía sin ser ella, sin forma humana.
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