domingo, 26 de diciembre de 2010

Que estupidez

Hace tiempo que no escribo, que no escribo como antes. Añoro empapar las sábanas de lágrimas por ti, pero más añoro tus abrazos de ahora. Hoy empecé a leer varias historias de las que tenía, todas inacabadas... ¿alguna vez he acabado algo? No, me canso demasiado rápido ¿Por qué será que contigo no me pasa? bagh, no busco respuesta... me conformo con que dure. Al leerlas he podido darme cuenta de la poca gracia que tengo al escribir, se me da muchísimo mejor leer, incluso hay cosas que no se ni por qué las escribo ni por qué las escribí pero tampoco me importa demasiado. Son borrones en mi cabeza que me ayudan a la hora de entenderme, un bucle de emociones, un collage de miedos, pajas mentales, rompecabezas de frustaciones ¡Qué más da! Lo que importa es que soy consciente de que lo hago mal pero eso tampoco importa porque yo al menos lo hago. Sé que no me lee mucha gente pero ¡exacto! eso es algo que tampoco me importa, con tal de que una sola persona se digne a leer estas parrafadas tan tontas y carentes de originalidad ya es una grata sorpresa. Hace tiempo que quiero decirte cuanto te quiero decir que te quiero más de lo que en la vida he querido al querer.
Si, estúpido ¿verdad? es estúpida esta gilipollez para decirte que te quiero, pero es tan estúpido ese mismo te quiero que le quita importáncia a la primera estúpidez. Menos mal, si no, aún parecería más estúpida.

viernes, 17 de diciembre de 2010

viernes, 10 de diciembre de 2010

comodín

Como siempre he dicho todo en esta vida es efímero, ese es el por qué de la belleza en todos sus estados, pero nunca comprendí cuanta era la razón que atrapaban esas palabras, como de efímeras eran las cosas. Ahora sí, supongo que ya  soy capaz de rozarlas con la punta de mis dedos, tal vez, algún día, con la yema.
Los amigos, esos que te prometen que estarán ahí siempre, los que te convencen de ello y viceversa para luego, en el más mínimo cambio (ya sea malo o bueno) desaparacen. Pero desaparecen porque quieren, lo necesitan, les apetece o simplemente para luego volverse a aparecer. Y esto es, bienvenido juego, otro de los bucles más largos en esta eterna existéncia del ser.
¿Y qué se le puede hacer? Nada. Tú puedes buscar ese algo que ha desaparecido en tu vida pero de ellos dependerá que la encuentres, al fin y al cabo si uno de verdad no quiere ser encontrado se esforzará lo suficiente para ello. Si lo encuentras, es que jamás quiso desaparecer por completo aunque fuese, unicamente, a modo de comodín.
Comodín, esta palabra rebota en mis recuerdos. Yo soy esa carta, me tocó ese rol. Cuando la gente ya está aburrida de la rutina, acuden a mí, yo, que soy lo más antirutina que existe. ¿Y por qué? Supongo porque sé que soy capaz de caer en ella y eso es algo que odio e intento evitar por todos los medios, unas veces lo consigo y otras, como estos días, no.
Vosotros pensaréis, ya entrado el tema, eso no son verdaderos amigos. Tal vez, tal vez no en estos momentos, pero lo fueron. De verdad que lo fueron, con todas sus ganas y entusiasmo una vez me hicieron reír y me ayudaron, otras me entristecieron y buscaron consuelo en mis palabras y también les correspondí. Es cierto, tal vez ahora no sean los amigos que una vez fueron pero ¡oye! serlo... lo fueron y se que lo serían, y volverían a ser. Pero soy demasiado orgullosa para pedirles que vuelvan por mílessima vez.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Límite

A 180 kilómetros por hora en una carretera llena de curvas en la que es inevitable derrapar en algunos momentos y hacer que tu corazón se sobresalga del pecho, aunque sea, tan solo, por unos instantes. Unos instantes que cambiaría.
Dos opciones, reducir la velocidad o dejar de lado las curvas. Cualquiera de las dos sería correcta pero dependerá de uno mismo, de lo que se elija.
Y... ¿una estabilidad? reducir tan solo un poco la velocidad y desviarte de algunas curvas siempre y cuando puedas, sin hacerlo demasiado díficil. Tener tiempo de pararte a pensar, disfrutar del paisaje entre desliz y desliz, entre derrape y derrape, cada vez más suaves. Menos estresantes y más desenfrendados.