lunes, 15 de noviembre de 2010

Tuya

Nuestros cuerpos. Oscilan, entre las sábanas, en esas mañanas… nuestras mañanas.
Mil pensamientos, me atraviesan. Como tú, daga cargada de venenos. ¿Cómo los siento? Muy, muy adentro.
Deliran, con sudores y escalofríos, las voces de mi cabeza. Que gritan, pero ahogan el aullido. Desvarío, enloquezco.
Fantaseas, con tus dedos, con mis sueños de hacerme eterna, en este momento. Lo lamento, debería ser más tierna. Más sabia, en este aspecto.
Me miras, te mimo. Me acaricias, te necesito. Constante, sin prisas. Un único recorrido. Una sola meta.
Correé, más a la izquierda que me deslizo, a tu derecha. Lo que necesitas es el centro. Y viceversa.
Otra vez, desde el principio. De nuevo.
Serpientes, es lo que parecen, los mechones de tu cabello. ¿Te pierdes? No sufras, es a mí a quién duele. Ahora disfruta, no te impacientes.
Inspeccionemos, experimentemos, intercambiemos. Algo más que sentimientos. Me pierdo, aún sin posibilidad de perderme, bajo cuatro paredes que nos entierran con algo peor que tierra. Recuerdos.
Que hieren, herirán.
Inaguantable. Quiero más, no pares. No me dejes. Incalculables, mis gemidos. Impotentes, tus alaridos. Aquí viene. Estallan mis sentidos.
Sin fuerzas, la flacidez toca ya a nuestras puertas. Sedientos, bebemos de nuestros besos. Agotados, nos abrazamos para soñar despiertos. Dejemos a nuestros párpados, soñar también.
Dulce, incauto descanso.

lunes, 8 de noviembre de 2010

años remotos


- Solo Dios podría aproximarse a la idea de cuanto os quiero pero…
- ¿Pero? Sella tus labios en el infinito silencio antes de que al deslizarse cometan un error incalculable. No dejes que se apresuren, cállalos como yo los callo con este dulce beso.
- ¿Callarlos? Llevo callandolos desde que aprendí hacerlos hablar. Pero… no son mis labios a los que hay que enmudecer, no son sus palabras a las que hay que temer. Es la mente la causante de este punzante dolor, la que vaga por mis insensatos pensamientos, a los cuales no entiendo, por miedo a fracasar. Callarlos sería una desfachatez pues… ¡tengo y he tenido tantas veces tanto que decir! ¡No son ellos los únicos que gritan en mi adentro! ¡Ellos son solo los hombres que luchan en una fría guerra dirigidos por un capataz! El eco de mi clausurado dolor ¡Oh si me lo hubiesen permitido! Cuantas veces habría rodado mi cabeza por este perenne pasadizo.
- No digais más tonterias, los perfumes os han dejado aturdida, dejad de pensar.
- Enseñadme, pues, a no pensar si podeis y os atreveis. Pero eso no es algo que se haga posible aprender si no que se nace sin saber y se muere sabiendo sin la necesidad de un maestro. Advierto la posibilidad de odiaros tanto como de amaros, esos dos polos opuestos se contradicen constantemente en mi cabeza ¿Será que os quiero demasiado como para perdonaros el dolor que aún no me habeis causado pero que sin duda causareis?
- Yo no quisiera haceros ningún daño.
- Pero lo haréis, al amarme y no conveniros ya haceis un pacto con mi sufrimiento… no puedo esperar a que me rompan el corazón.
- No mi señora, necesito de vuestro consuelo. Tened paciencia y esperad por mi.
- Por vos esperaré por vuestra sinceridad pero que conste y no sea negada que esta frase corrobora mis miedos... tranquilo lo supe desde el primer momento. Nacemos con el único fin de morir, igual que amamos con el único fin de sufrir pero es el precio que hay que pagar por tan maravillosa ingenuidad.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

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