A 180 kilómetros por hora en una carretera llena de curvas en la que es inevitable derrapar en algunos momentos y hacer que tu corazón se sobresalga del pecho, aunque sea, tan solo, por unos instantes. Unos instantes que cambiaría.
Dos opciones, reducir la velocidad o dejar de lado las curvas. Cualquiera de las dos sería correcta pero dependerá de uno mismo, de lo que se elija.
Y... ¿una estabilidad? reducir tan solo un poco la velocidad y desviarte de algunas curvas siempre y cuando puedas, sin hacerlo demasiado díficil. Tener tiempo de pararte a pensar, disfrutar del paisaje entre desliz y desliz, entre derrape y derrape, cada vez más suaves. Menos estresantes y más desenfrendados.
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