Capítulo XI
El despertarse, cobrar el conocimiento, le llevo más tiempo de lo que creían… pero lo hizo, al fin lo hizo. Su hijo Álex y Odette le ayudaron a incorporarse de manera que su espalda quedase apoyada en el enorme tronco de ese gran árbol. Antes de poder hablar, Nicolás tosió tantas veces como le fue necesario.
- Tú… eres, eres preciosa – le dijo Nicolás a Odette – Hubiese sido fantástico poder compartir la vida con tal hermosura…
- ¡¿Entonces por qué no me esperaste!? – Dijo Odette estallando en miles de lágrimas… más que enfadada estaba decepcionada.
- Y lo hice, estoy aquí… es por ti y por mi familia por quiénes estoy aquí. He renunciado a una expedición en Marte por ti… no puedes pedirme más de lo que te he dado. – dijo compasivo, se comportaba como un padre para ella. Odette estaba sentada a su lado cabizbaja, pensativa. – Anda, mírame… ¡Cuenta todas las arrugas se han formado en mi rostro! – sonrió. – Lo siento… pero, no podía esperar medio siglo a enamorarme y no tenía ninguna certeza de que lo haría. Además mírate, tienes el cuerpo de una mujer de 28 años… la edad de mi hijo Nicolás – Dijo con una mirada insinuante que hizo ruborizar al chico con un efecto dominó que llegó hasta el vello de la chica para concluir en unas medias sonrisas. – Él es más tu tipo, te lo he preparado bien…
- Tú no me has preparado en nada papa, lo que soy lo soy gracias a mi. No he obtenido ninguna ayuda por tu parte, siempre has estado demasiado ocupado en tus investigaciones sobre lo que nos envuelve y en lo que vivimos… el universo. – Exclamó Álex.
- No me odies por ello… ¿En serio creíais alguno de vosotros que iba a renunciar a mis sueños? No creáis que soy un egoísta, si lo fuera no estaríamos aquí… ninguno de los tres. Solo quise aprovechar mi vida… nadie tenía el derecho a decirme o hacerme prometer como vivirla. – Iba a seguir con su discurso pero Odette le paró y le preguntó lo que muchos os preguntareis: cómo llegó a esta situación, a quién conoció tan importante como para formar una familia, … En resumen
- ¿Qué es lo que hiciste exactamente con tu vida? – preguntó Odette ahora intrigada. – Desapareciste ¿verdad? Todo este tiempo que te estuve buscando por estos bosques, de ventana en ventana… tú estabas en otro lugar ilustrándote en lo que ahora es tu trabajo ¿no es así? Y… dime, por favor dime, ¿cómo es la chica que te hizo romper mi promesa? ¿Es guapa? – Dijo aparentando estar un poco disgustada por ello… Álex contestó por su padre.
- Si me permites, dejadme que yo lo cuente. Me sé esta historia más que la mía propia. – Y rió – Mi padre siempre ha estado contándomela desde que nací, a un niño normal se le cuentan cuentos o se les cantan nanas para que se duerman… él, bueno. Él me aburría con sus historias. – Bromeó.
- Bueno, aquí se verá cuanto me escuchas hijo… pero, no tardes mucho. Tú madre nos aguarda – Calló esperando ver la reacción de Odette y luego prosiguió – a los tres – y ambos sonrieron.
- Tú… eres, eres preciosa – le dijo Nicolás a Odette – Hubiese sido fantástico poder compartir la vida con tal hermosura…
- ¡¿Entonces por qué no me esperaste!? – Dijo Odette estallando en miles de lágrimas… más que enfadada estaba decepcionada.
- Y lo hice, estoy aquí… es por ti y por mi familia por quiénes estoy aquí. He renunciado a una expedición en Marte por ti… no puedes pedirme más de lo que te he dado. – dijo compasivo, se comportaba como un padre para ella. Odette estaba sentada a su lado cabizbaja, pensativa. – Anda, mírame… ¡Cuenta todas las arrugas se han formado en mi rostro! – sonrió. – Lo siento… pero, no podía esperar medio siglo a enamorarme y no tenía ninguna certeza de que lo haría. Además mírate, tienes el cuerpo de una mujer de 28 años… la edad de mi hijo Nicolás – Dijo con una mirada insinuante que hizo ruborizar al chico con un efecto dominó que llegó hasta el vello de la chica para concluir en unas medias sonrisas. – Él es más tu tipo, te lo he preparado bien…
- Tú no me has preparado en nada papa, lo que soy lo soy gracias a mi. No he obtenido ninguna ayuda por tu parte, siempre has estado demasiado ocupado en tus investigaciones sobre lo que nos envuelve y en lo que vivimos… el universo. – Exclamó Álex.
- No me odies por ello… ¿En serio creíais alguno de vosotros que iba a renunciar a mis sueños? No creáis que soy un egoísta, si lo fuera no estaríamos aquí… ninguno de los tres. Solo quise aprovechar mi vida… nadie tenía el derecho a decirme o hacerme prometer como vivirla. – Iba a seguir con su discurso pero Odette le paró y le preguntó lo que muchos os preguntareis: cómo llegó a esta situación, a quién conoció tan importante como para formar una familia, … En resumen
- ¿Qué es lo que hiciste exactamente con tu vida? – preguntó Odette ahora intrigada. – Desapareciste ¿verdad? Todo este tiempo que te estuve buscando por estos bosques, de ventana en ventana… tú estabas en otro lugar ilustrándote en lo que ahora es tu trabajo ¿no es así? Y… dime, por favor dime, ¿cómo es la chica que te hizo romper mi promesa? ¿Es guapa? – Dijo aparentando estar un poco disgustada por ello… Álex contestó por su padre.
- Si me permites, dejadme que yo lo cuente. Me sé esta historia más que la mía propia. – Y rió – Mi padre siempre ha estado contándomela desde que nací, a un niño normal se le cuentan cuentos o se les cantan nanas para que se duerman… él, bueno. Él me aburría con sus historias. – Bromeó.
- Bueno, aquí se verá cuanto me escuchas hijo… pero, no tardes mucho. Tú madre nos aguarda – Calló esperando ver la reacción de Odette y luego prosiguió – a los tres – y ambos sonrieron.

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