viernes, 23 de julio de 2010

...moñada



Cada día protagonizas mis pensamientos, mis fantasias. Cierro los ojos y tu imagen se refleja en el reverso de mis parpados, no quiero abrirlos... quiero poder verte, recordarte eternamente. Añoro la magnificamente dolorosa melodia que compone, sin quererlo, tu voz. Tu simple y sincera sonrisa que me ruborizaba y encendía, inevitablemente, el color de mis mejilla. Lla que me hacía desviar la mirada hacia ninguna parte, el tacto de tu mano al agarrarme por la cintura, delicadamente, para guiarme a... ningun lugar material, real, en especial.
La primera vez que te ví, que rocé tu piel, me pregunté a que sabrías. Quería calmar tu dolor, inexistente, con mis miles de besos y caricias. (...)Me encantaba seguir el ritmo que marcaba, al de mi corazón, el son de tus pasos, de nuevo, hacia nada posible de alcanzar. (...) En ese momento dudaba de si coger un revolver del 88, apuntarte en la parte posterior de tu cabeza y dispararte antes de darte la posibilidad de salvar tu vida. O, sin embargo, recorrer con la yema de mis dedos aquellas graciosas líneas de expresión que, anteriormente, habían creado mi diversión, mi delirio. Para luego seguir el recorrido con mi lengua en busca de más besos, deseos. Si quería acabar con tu vida era para que no me hicieras más daño, no puedo desearte y no tenerte como tampoco puedo tenerte y no desearte.

II

Cada noche, protagonizas mis sueños, antagonizas mis pesadillas. Cada noche, abro los ojos y desaparecen mis miedos imaginados para aparecerse en la realidad. Tu ausenvia me desveló y mis lágrimas brotaron sin la intención de sesar hasta la salida de el Sol. Surcarons mis mejillas, naufragaron en mis labios y su sabor murió en mi paladar.
Enciendo una ténue luz que daña mis pupilas, estiro mi brazo y alcanzo una botella duff que tengo desde el día que me abandonaste, en mi mesilla de noche.

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