domingo, 11 de julio de 2010

El pescador 4

Capítulo IV



Y una pícara sonrisa se dibujó en su rostro en el instante que oyó aquella indiscutible verdad. En ese momento todo parecía moverse a cámara lenta, las luciérnagas, ella, que antes volaban descontroladas por su alrededor ahora se mostraban congeladas como en sus fotografías. Nicolás se acercó a una de ellas y esta se posó cómodamente en sus labios los cuales volvieron a estirarse formando una sutil y dulce sonrisa que les devolvió a la realidad. Estas volaron, otra vez, sobre su cabeza estallando en miles y billones de risitas. Él se limitó a seguirlas y fotografiarlas hasta que al fin se apresuró y se atrevió a preguntar:
- ¿Por qué eres lo que eres? – Esa pregunta detuvo a la chica y las miles de luciérnagas dejaron de volar desordenadas, se agruparon formando la verdadera figura de ella y ahora se acercaba lentamente destrozándose en innumerables curvas luminosas. Melancólica contestó.
- Por orgullo, lealtad, fuerza y honor… pero en verdad no soy ninguna de mis apariciones sino una mujer de un siglo que ya no recuerdo, atrapada en este nuevo siglo de dolor y frustración. ¿Por qué? Si, supongo que te debo una explicación pero primero deja que me disculpe. Siento haberte asustado cuando tan solo eras un niño aunque ahora no es que seas mucho más que eso – bromeó – solo quería ayudarte, hacerte saber que te entendía. A mis 27 años huí del castillo en el cual vivía con mis padres ya bastante mayores, ellos estaban disgustados conmigo ya que debería haberme casado diez años antes pero yo no quería. No quería atarme a un desconocido, yo quería ser libre de elección. Siempre quise navegar, por lo que fui a la costa más cercana de aquel lugar pero mi padre pagó a un hechicero para que me encontrara y me esclavizara a una de sus crueles maldiciones. Eso es lo que sucedió, me encontró. Ese hombre despreciable intentó chantajearme, si me entregaba a él una sola noche me dejaría marchar y le diría a mi padre que no me había encontrado pero… no fui capaz y por ello soy lo que soy. Siempre quise ver el mar y esa es la razón por la cual el último animal en el que me reencarne será uno acuático, pero para ello tengo que seguir con vida. No me ha sido fácil con tantos cazadores, devastaciones de bosques, construcciones, guerras, incendios malintencionados y por si no fuera poco ahora el cambio climático… Había días en los que deseaba acabar con este sufrimiento y morir en paz pero entonces te encontré, desde ese día no dejo de observarte. No sabes cuánto nos parecemos.

1 comentario:

  1. corazón joven nunca muere!

    espero que no te moleste que te haya leído Eva, caí por aquí por casualidad.

    pásate cuando quieras;)

    ResponderEliminar