El pescador
Capítulo I
Cada día la misma vieja historia cobraba vida con cada salida del sol. Al amanecer el humilde pescador se ponía sus botas de agua, su gorra de paja, el mismo chaleco azul y se armaba con su caña fabricada, mucho tiempo atrás, por las manos de su difunto padre. Rutinario, cotidiano, en fin… todo lo que había odiado en su juventud y de lo que no logró escapar por culpa de una promesa. Pero a pesar de todo caminaba alegremente, casi parecía flotar. Canturreaba al compás de sus pasos con la mirada siempre altiva, ensimismado en las formas de las ojas de los árboles ahora castañas por el otoño. Sus pies se hundían en el camino que le llevaba de su pequeña y acogedora casa a un espacioso e inmenso lago donde se disponía a encontrar algo con lo que alimentarse. Hoy era uno de sus preferentes días… el sol le visitaba de vez en cuando entre nube y nube, fielmente y con delicadeza; el aire le abanicaba placenteramente lo justo y necesario como para cambiar la corriente del agua que atrae a los peces a la orilla. Era ese día en el que se reencontraría con ella, como cada año, una sola vez. Era ese el momento antes de la gran tormenta que se la llevaría a otro recóndito lugar a morir y reencarnarse en otras escamas o piel. ¿Quién podía asegurarle que hoy no sería el día?
Ya casi llegaba a su destino, tan solo unos pasos más y la descubriría entre toda la multitud escamada, pero ella no estaba. Otro año más y ella seguía sin ser ella, sin forma humana. ]continuará
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