Todo su cuerpo estaba en perfecta armonía con sus deseos y anhelos, no podías apartar la mirada de su cintura admirando los ondulantes movimientos que hipnotizaban con delirante sensualidad. Su vientre se encogía y se hinchaba a la vez que sus pechos lo antagonizaban con cada va y ven, balanceándose de arriba hacia abajo al respirar.
A la vez que ella bailaba por placer los demás también la contemplaban por ese mismo motivo, se deleitaban con sus pasos y las delicadas curvas que perfilaban su narcótico cuerpo. Todos aquellos, espectantes de cada cada centímetro que recorría con todo su ser, sedientos de algo más que de un milimetrado baile; se mojaban las ganas en el cubata que derramaban incesantemente encima de las pupilas que pululaban por la barra en busca de algo que poder llevarse a la boca.
El color verde del dinero que volaba por aquella sala, el olor a humo, el polvo restante de la cocaína que extendía sus alas desde la mesa hasta el olfato y el rojo de sus labios junto a la sangre derramada en una anterior disputa; predominaban en aquel bar de carretera.
Su trabajo no le había sido obligado, ella lo necesitaba, le hacía sentirse deseada, atractiva, seductora al mismo tiempo que le producía un cierto morbo que la alimentaba por dentro. Había convertido su mayor ambición, su más apetecible fantasía sexual en su profesión.
Pero no siempre será igual, su cuerpo envejecerá pero no con él sus ansias de más... siempre más. Era consciente de que no podía dedicarse a ello eternamente, tenía que escapar de esa absurda idea, de aquel insensato sueño. No seguirá siendo perturbadoramente hechizante de por vida ¿O si?
Permitid que sea sincera, de buen comienzo. No seré de vuestro agrado, las mujeres sentirán envidia y los hombres repulsión, no os agradaré ahora y os agradaré mucho menos a medida que avancemos. Os lo advierto, no es ni un alarde ni una opinión, si no simple y llanamente un hecho
miércoles, 30 de marzo de 2011
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