martes, 15 de junio de 2010




Atrapados en una habitación sin salida donde, allá donde mirasemos, no veiamos más que cuatro paredes blancas. Sentía como se iba acabando el aire limitado de aquel lugar. No sé si era la falta de oxigeno en mi cerebro o el egoísmo que, por primera vez, asomaba de mi ser. Pero deseaba, con fuerza, que los pulmones de aquel que ahora me parecía un extraño se ahogaran en su propia sangre. Quería dejar de escuchar su respiración inconstane y dificultosa. Ansiaba que su corazón dejara de producir aquellos amargos latidos a contratiempo cuando, anteriormente, había anhelado su melodía. Ahora odiaba el pronunciar de aquellos labios morados y marchitados por el frío un te quiero con esa voz ronca y aspera. ¿Por que tenia que dejar de quererle justo ahora, ahora que podia acariciar los labios de la muerte con los mios? ¿Por qué no podia seguir amandolo y morir feliz sabiendo que lo hacia a su lado, entre sus brazos, acunada con sus besos? ¿Por que necesitaba acabar con su vida? Si él murises le poseeria totalmente al igual que el poco aire que quedaba. Su ultimo suspiro que, tal vez, me diese las fuerzas necesiarias para encontrar una vía de escape. Si él muriese sería libre de actuar sin emociones ni sentimientos de por medio. Yo y solo yo en las puertas del cielo.
(En la locura de mis sentidos)

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