
Cuando éramos niños esos dibujos nos contarían nuestras ilusiones, emociones y tensiones. Nuestro porvenir, sueños, metas, consideraciones. Argumentaríamos esa verdad con la visión de nuestros ojos, aclamaríamos un poco de atención y diríamos que sus ladridos eran algo ostentosos. Que yo llegué a tocarle una oreja, que yo llegué a tocarle el lomo, yo le acaricié más que ella y que a mi me dio un dulce beso melodioso. Que cuando volvías a tu casa te seguía esperando que le acariciaras, como última vez antes de buscar cobijo. Y si ese perro estuviese abandonado lloraríamos los primeros minutos (pobrecito) para después contar que era un honorable caballero en busca de dragones contra los que luchar y princesas que rescatar. Sin dueño o pretensiones, sin hogar donde llorar. Que las niñas son tontas y feas, que los niños lo son más. Los profesores nuestros padres fuera del horario extraescolar. Que un pez puede ser un avión y un avión una estrella y esa estrella mi casa y mi casa donde crezco y desvanezco mi imaginación volviéndome cuerdo habiendo vivido una ficción.
UUoo me apasionan los textos que hablan de la infancia siempre tan despreocupada y con un sentido incondicional.
ResponderEliminarSublime imagen... >.<
La infancia era perfecta porque somos adolescentes, cuando seamos adultos ser adolescentes será perfecto, y cuando seamos viejos ser adultos también. Asi sucesivamente hasta que muramos y lo único que sería perfecto sería poder revivir episodios pasados. Es un bucle.
ResponderEliminarPero a mi tamb me apasiona! creo que se nota.. la llevo siempre un poco encima xP