miércoles, 21 de julio de 2010

El pescador 10


Capítulo X


- Se equivoca… yo no soy Nicolás – La chica, asustada, se quedó estupefacta. No parecía entender nada. El chico intentó explicarle – Nicolás es mi padre - y le señaló el cuerpo arrugado y cansado por el paso de los años que ahora residía bajo aquel gran árbol. La joven le miró nuevamente hasta volver a posar su mirada en la de Nicolás, el verdadero. Entonces, fue corriendo hacía él tropezándose con las piedras del lago que le hacían tragar más agua de la que una vez pudo soñar.
- ¡Espere! ¡La ayudaré! No tiene porque temerme… - Se acercó quitándose su camiseta y dándosela para que se cubriera con ella. El hijo de Nicolás cogió uno de los brazos de aquella que parecía una ilusión y se lo posó en el hombro, ayudándola a cruzar el lago. Hacía tan solo unos minutos ella tenía aletas en vez de piernas, aún no controlaba demasiado su nuevo cuerpo… suele suceder cuando uno se expone a un gran cambio.

En cuanto pisaron la orilla, ella se despego de él dejándole como espectador. Se agachó bajo el árbol y apoyó su cabeza sobre el pecho de Nicolás. Su corazón apenas latía, sus latidos eran dificultosos y algunos a contratiempo. Su hijo ahora se acercaba a él, a ellos. Y ella se alertó y se levantó con una agilidad envidiable, corriendo hasta el siguiente árbol.
- No me tengas miedo… No voy a hacerte daño. Sé quién eres… bueno, mi padre me ha hablado de ti desde que nací pero nunca te creí real. – Ella asomó su cabeza y se miraron.
- ¿Cómo se que eres quién dices ser? ¿¡Qué certeza tengo!? – Su adorable voz enfadada era extraña, incómoda… ¿cómo algo tan dulce podía inspirar tanta ira?
- Mira, no espero que me creas al igual que tú no esperarías a que te creyeran si dijeses que has sido unos miles de animales durante toda tu vida y que naciste hace unos miles de años. Pero, puedo demostrarte que soy quién digo… solo tienes que esperar a que mi padre despierte.
- Nicolás… - Dijo melancólica y nostálgica. – Está bien, esperaré… él espero medio siglo por mí. - En ese momento una lágrima le surcó su sonrojada mejilla y calló sobre su mano, la cual apretó con fuerza.
- ¿Podría hacerle una pregunta? – Dijo el chico. La joven levantó su mirada y se quedó en silencio, la más afirmativa de las respuestas… el silencio. - ¿Cuál es tu nombre? ¿Lo recuerdas?
- ¡Claro que lo recuerdo! Que haya cambiado de formas no significa que haya cambiado de ser.
- Perdona… - Dijo avergonzado.
- Odette, ese es mi nombre…
- Es muy bonito… ¿tiene algún significado?
- El que tú quieras y puedas darle. – Y volvió a sonreír. – ¿Y cuál te puso, a ti, tu padre?
- No me lo puso mi padre… - contestó incómodo por si hería los sentimientos de Odette- lo hizo mi madre. Ella estaba encaprichada con ese nombre desde antes de conocerse…
- No importa, no quiero saberlo – dijo un tanto enojada, nerviosa y al mismo tiempo triste. - ¿Cuál es?
- Álex – el silencio les invadió - ¿Qué? ¿No te gusta? – Pero Odette le hizo signos de que se callara, Nicolás parecía estar despertándose.

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